'El pistacho ha venido para quedarse': Agróptimum urge a construir una industria y no solo a plantar hectáreas

España ha pasado en pocos años de importar pistacho a convertirse en uno de los grandes territorios de desarrollo de este cultivo en Europa. Así resume Javier Fernández, Business Development Director de Agróptimum, una transformación que, a su juicio, va mucho más allá del aumento de superficie. “No estamos hablando únicamente de un incremento de superficie dedicada a este cultivo, sino que estamos viviendo una profesionalización de toda la industria: genética, producción de planta, diseño agronómico, agricultura de precisión, transformación, comercialización y desarrollo de nuevos mercados”, señala.

Las cifras que maneja la compañía dibujan el recorrido pendiente. España produce actualmente alrededor de 11.000 toneladas de pistacho seco, con previsiones de alcanzar 26.500 toneladas en 2030 y 55.000 en 2035, mientras el consumo nacional supera ya las 28.500 toneladas anuales y la demanda mundial rebasa el millón. “Todavía existe una diferencia importante entre lo que consumimos y lo que somos capaces de producir aquí. Y para mí esta es precisamente la oportunidad: ir más allá de producir pistacho y construir una verdadera industria del pistacho, que sea competitiva, plenamente integrada y con capacidad para liderar la producción en Europa”, apunta.

La plantación empieza en el vivero

Fernández insiste en que el éxito de una plantación se decide antes de la plantación misma. “Una plantación de pistacho no empieza cuando se planta el árbol, sino mucho antes: en la elección del material vegetal y en el diseño del proyecto”, advierte. El agricultor, sostiene, debe exigir calidad, homogeneidad, sanidad y control genético, porque “no todas las plantas son iguales y la decisión que se toma en el vivero condiciona muchos años de producción”.

Sobre ese principio ha construido Agróptimum su modelo, con más de 75.000 metros cuadrados que la compañía presenta como el mayor vivero de planta injertada del mundo. Aun así, el directivo matiza que el material vegetal no basta por sí solo: “No sirve de mucho tener una buena planta si después no existe un buen diseño, una gestión profesional y una toma de decisiones basada en datos”.

En el plano genético, la empresa desarrolla desde hace tres años un programa de mejora vegetal con ensayos en dos emplazamientos, uno en el centro peninsular y otro más al sur, para anticipar la respuesta del cultivo al cambio climático y a los modelos de gestión mecanizada. “El reto no es solamente conseguir una planta más productiva. Es conseguir un sistema productivo más eficiente, más resiliente y capaz de utilizar mejor cada recurso, especialmente el agua”, resume.

Un cultivo que no admite improvisación

Preguntado por los errores más frecuentes en las nuevas plantaciones, Fernández es tajante: “Nuestro principal aprendizaje a lo largo de estos 10 años es que el pistacho no admite improvisación”. Señala como factores críticos el planteamiento inicial del proyecto y la preparación del terreno, con labores en profundidad que favorezcan el desarrollo radicular, además del asesoramiento técnico cualificado y la capacidad de interpretar los datos que aportan los sensores y las herramientas basadas en inteligencia artificial. Reivindica también los estudios previos, que permiten “anticipar el comportamiento futuro de las plantaciones y tener una visión de los retornos esperados en cada parcela”.

De cara al medio y largo plazo, identifica tres desafíos. El primero, lograr que el crecimiento sea sostenible y rentable en un contexto de presión sobre los recursos hídricos. El segundo, de naturaleza industrial: “El crecimiento de la producción tiene que ir acompañado de capacidad de transformación. Actualmente existe una capacidad de procesado todavía fragmentada y, según nuestras previsiones, será necesario ganar dimensión para poder absorber el crecimiento previsto”. Y el tercero, evitar que el pistacho español se convierta en un commodity: “Tenemos que competir por calidad, origen, trazabilidad, seguridad de suministro y capacidad de innovación. Tenemos que huir del oportunismo”.

Si tuviera que resumir en una idea lo que el sector necesitará para seguir siendo competitivo en 2035, Fernández lo condensa en dos palabras: “Productividad sostenible”. Y añade: “Ser competitivos en 2035 significará producir más valor utilizando mejor los recursos. Y eso exige genética, tecnología, conocimiento agronómico, capacidad industrial y una cadena de valor integrada”.

Expectativas ante el World Pistachio Congress

Agróptimum afronta la celebración del World Pistachio Congress como una ocasión para proyectar internacionalmente el recorrido del sector español. “El WPC es una oportunidad para compartir conocimiento y para mostrar hasta dónde ha llegado el sector español y hasta dónde puede llegar”, afirma el directivo, que subraya la necesidad de espacios donde productores, investigadores, empresas tecnológicas e industria intercambien experiencias.

“Nuestra ambición no es únicamente que España produzca más pistacho”, concluye. “Es que España sea reconocida como uno de los grandes referentes europeos en cómo producirlo, transformarlo y generar valor alrededor de él”.