1. ¿Qué es Solagro y cuál es su vinculación con el mundo del pistacho?
Ernesto Tardío: Solagro es una empresa multiprofesional de ingeniería y el canal de innovación alimentaria de referencia en Castilla-La Mancha para sectores clave como el aceite, el vino y, de forma muy destacada, el pistacho. Trabajamos como el socio estratégico de cooperativas e industrias, aplicando ingeniería avanzada, planes estratégicos y metodologías disruptivas como el entorno digital colaborativo o la tecnología BIM para diseñar plantas eficientes y sostenibles, con equipos multidisciplinarios super especializados, que dan grandes ventajas competitivas y ahorros importantes a nuestros más de 90 clientes, cooperativas e industrias.
Nuestra vinculación con el pistacho es total y de liderazgo absoluto sobre el terreno: hemos diseñado e impulsado 14 plantas de procesado, entre las que destacan proyectos de gran envergadura y referentes en el sector como Pistamancha y Nature Pistachio. Además, somos los creadores e impulsores de los foros PISTADICA a través de nuestra plataforma Canal Dica, un ecosistema online donde conectamos a productores y profesionales para difundir la innovación y el conocimiento en este cultivo.
2. ¿Cree que existe exceso de optimismo dentro del sector?
E.T.: Existe un entusiasmo justificado por la rentabilidad y el potencial del cultivo, pero este optimismo debe ir acompañado de una planificación industrial rigurosa aguas abajo. Plantar es solo el primer paso; el verdadero reto y donde se decide la viabilidad del sector es en la fase de procesado, pero teniendo en cuenta siempre las necesidades del mercado.
Si el crecimiento en hectáreas no se acompaña de una estrategia seria para dimensionar correctamente la capacidad industrial de recepción y tratamiento del fruto, corremos el riesgo de generar un cuello de botella que penalice al productor. El optimismo es bueno, pero la cabeza fría en la inversión industrial es obligatoria.
3. ¿Qué riesgos detecta actualmente en la expansión acelerada de nuevas plantas de procesado?
E.T.: El principal riesgo técnico que detectamos desde Solagro es el incorrecto dimensionamiento de la fase de secado, una etapa crítica donde nos jugamos la calidad final y la conservación del pistacho. Diseñar una planta sin prever con exactitud los flujos de entrada y analizar los puntos críticos del proceso puede arruinar el producto. A esto se le suma un problema estructural grave: la falta de mano de obra especializada para operar estas industrias. Por ello, desde nuestra ingeniería insistimos en que la automatización, la digitalización y el diseño de plantas intuitivas y eficientes son la única vía para mitigar la escasez de personal técnico en el medio rural.
4. ¿Existe suficiente estructura comercial para absorber toda la producción futura prevista en España?
E.T.: Actualmente, el tejido está muy atomizado, y ese es un hándicap peligroso. España debe tender de forma urgente hacia la concentración y agrupación de la oferta. Solo uniendo fuerzas a través de grandes cooperativas; cooperativas de segundo grado; o Sociedades Agrarias de Transformación (SAT) seremos capaces de tener el músculo financiero, el volumen y la capacidad de negociación necesarios para enfrentarnos a los mercados internacionales más exigentes. La comercialización individualizada del pistacho español tiene un recorrido muy corto ante los gigantes globales; la unión estratégica es el único camino.
5. ¿Qué diferencias encuentra entre el modelo español y el modelo estadounidense del pistacho?
E.T.: La diferencia es de escala y de enfoque. El modelo estadounidense (California) se basa en la macro-industrialización, volúmenes ingentes y un mercado muy estandarizado gestionado por grandes fondos de inversión en regadío intensivo. El modelo español, sin embargo, se cimenta en fincas medianas y un peso muy importante del secano y el regadío eficiente. Pero nuestra gran baza diferencial es la calidad. El pistacho español posee unas propiedades organolépticas, un sabor y un valor percibido muy superiores al americano. No podemos competir con EE.UU. en volumen, pero sí podemos batirlos en valor y exclusividad si defendemos esa calidad en los mercados premium.
6. ¿Está preparado el sector agroalimentario para asumir los retos de sostenibilidad y consumo hídrico?
E.T.: Lo estará si adopta la tecnología adecuada. En Solagro demostramos que la sostenibilidad no es una declaración de intenciones, sino una consecuencia de la ingeniería aplicada. Dominamos los puntos críticos del proceso y estamos estudiando la implantación de tecnologías revolucionarias: sustituimos los métodos tradicionales por pelados en seco y eliminamos los tanques de flotación mediante visión artificial respaldada por Inteligencia Artificial (IA). Con esta sustitución tecnológica y la IA, podremos conseguir
reducir el consumo de agua en la planta hasta un 50%.
Además, la sostenibilidad es circular. Actualmente participamos en un Grupo Operativo enfocado en la reutilización de los desechos del pistacho, donde investigamos cómo la vaina del fruto, mediante un tratamiento concreto, puede transformarse en un recurso de alto valor para otros usos totalmente ajenos, como el pavimento o acondicionamiento de campos deportivos.
7. ¿Qué le preocupa actualmente del futuro del pistacho?
E.T.: Mi mayor preocupación de cara a los próximos 5 o 10 años es que el sector no dé el salto definitivo hacia la profesionalización digital, junto con ser capaz de tener suficiente volumen de calidad para posicionarnos en los mercados de valor.
Si no conseguimos ser radicalmente eficientes en el proceso y procesado del pistacho a nivel interno, la diferencia de volumen que tenemos respecto al resto del mundo nos pasará factura. Al manejar menos cantidad a nivel global, nuestra única defensa es ser los más eficientes del mundo procesando de manera impecable y digitalizada. Si no nos digitalizamos, perderemos competitividad a nivel macro y el sector sufrirá.
8. ¿Qué impacto real puede tener un Congreso Mundial del Pistacho para posicionar a España dentro del mercado internacional?
E.T.: El impacto va a ser histórico. Elegir Toledo como sede es una decisión totalmente acertada y de justicia agronómica, ya que Castilla-La Mancha alberga más del 80% de la plantación de pistacho de España gracias a sus inmejorables condiciones climatológicas y de suelo.
Albergar este evento "en casa" nos coloca definitivamente en el mapa mundial como un punto clave y consolida al pistacho como un cultivo de altísimo valor estratégico para nuestra región. El mensaje que España debe enviar a potencias como EE.UU., Irán o Turquía desde este congreso es rotundo: tenemos menos cantidad, pero nuestra calidad es imbatible.
El World Pistachio Congress será el escaparate definitivo para que el mercado global aprenda a valorar y a pagar el precio diferencial que merece el pistacho español.