'El futuro del pistacho español pasa por la industria, la marca y el valor añadido'

Juan Miguel del Real. Director general de Cooperativas-Agro-alimentarias Castilla-La Mancha

Hace apenas una década el pistacho era un cultivo casi desconocido en España y hoy mueve inversiones millonarias. ¿Estamos construyendo una gran historia de éxito agrícola o caminando hacia una nueva fiebre del oro verde?

A mi juicio, el crecimiento del cultivo de pistacho en España pero, especialmente, en Castilla-La Mancha, se debe fundamentalmente a la necesidad de diversificar cultivos por parte de nuestros agricultores en búsqueda de alternativas más rentables a determinados cultivos tradicionales como los  cultivos herbáceos que históricamente no han podido garantizar una rentabilidad mínima adecuada o cultivos leñosos como el viñedo en vaso y secano muy intensivos en mano de obra y con rendimientos insuficientes para cubrir los costes de producción.

Si a todo ello le unimos las condiciones climáticas favorables de regiones como la castellano-manchega, las adecuadas características de sus suelos calizos con buena capacidad de infiltración, la menor dependencia del agua de este cultivo y los elevados precios alcanzados por el pistacho en los últimos años, hacen de este cultivo haya sido y sea una opción muy adecuada para servir de alternativa de futuro para una parte de nuestra agricultura.

Evidentemente, para no morir de éxito en este sector, que es aún un sector emergente, debemos de vertebrarlo y organizarlo cuanto antes. Y para ello, todos los agentes públicos y privados que estamos relacionados con el sector del pistacho, tenemos que unir esfuerzos y  alinear nuestro trabajo y mensaje. En este sentido, hay que conjugar un adecuado asesoramiento al agricultor para que acierte en las decisiones básicas iniciales a la hora de afrontar la plantación del cultivo, facilitarle el acceso a empresas dimensionadas y eficientes  para el primer procesado de su producción y, luego, que esas empresas procesadoras se unan para generar estructuras industriales y comercializadoras dimensionadas, eficientes y competitivas para canalizar los procesos de captación de valor añadido del pistacho y, especialmente, su comercialización agrupada en todo el mundo, evitando cometer los errores que antaño se cometieron en otros sectores productivos que derivaron en una excesiva proliferación y atomización de las empresas operadoras en un mismo sector.

En esa línea se está trabajando en Castilla-La Mancha a través del Plan Estratégico del Sector de Pistacho 2024-2028 que actualmente está en plena ejecución y debe servir, entro otras cuestiones, para alcanzar ese objetivo de vertebración y organización de este sector.

Estados Unidos domina el mercado mundial y juega con otra dimensión productiva. ¿De verdad puede España competir de tú a tú o nuestro futuro pasa por convertir el pistacho español en un producto “premium” ligado a calidad y origen?

Es evidente que no será sencillo competir con países como Estados Unidos que cuentan con amplias zonas de climas cálidos favorables para este cultivo (especialmente en el área de California), con un manejo del cultivo en el que proliferan los cultivos intensivos con regadío, con las más avanzadas técnicas implantadas y, especialmente, una envidiable unión del sector para impulsar su desarrollo comercial. Todo ello sitúa a España y a la Unión Europea en un escenario muy alejado de norteamericano, dado que aún estamos aprendiendo sobre el manejo del cultivo y organizando un sector que aún muy penalizado por su extrema bisoñez.

Por todo ello, España y, más en concreto, Castilla-La Mancha debe buscar elementos de diferenciación de nuestro pistacho frente al del resto del mundo y, particularmente, del americano. Su calidad intrínseca por tamaño e intensidad de sabor, la apuesta de nuestros productores por el cultivo ecológico que alcanza casi el 40% del total de la superficie plantada, su apuesta por la sostenibilidad social, económica y medioambiental, y disponer de figuras de calidad diferenciada que posicionen nuestro pistacho en el imaginario del consumidor, deben ser palancas clave de futuro para no tener que competir solo por precio sino por calidad.

Hay agricultores hipotecando su futuro para entrar en este cultivo. Si tuviera delante a alguien que está pensando plantar pistachos mañana mismo, ¿qué verdad incómoda le diría antes de tomar esa decisión?

En primer lugar, les diría que no se dejen llevar por “cantos de sirena” y que deben afrontar esta aventura del cultivo del pistacho con paciencia, como una inversión de largo plazo y que deben asesorarse adecuadamente desde el mismo momento de tomar la decisión de entrar en el cultivo de fuentes fiables, objetivas y neutrales, pues un error en la elección del portainjerto, de la variedad o del manejo del cultivo puede conducirle al mayor de los fracasos en su explotación dado que la capacidad de revertir el error cometido es altamente complicada y costosa sobre todo teniendo en cuenta los años invertidos en su entrada en producción.

Y, en segundo lugar, les diría que como en todos los cultivos, el pistacho requiere de la debida profesionalización para asegurar la competitividad de la explotación. El cultivo del pistacho no puede entenderse sin más como un seguro de vida para la jubilación o un capricho del que uno puede desprenderse en cualquier momento. Su elevada inversión (cultivo + procesado), el amplio periodo de entrada en producción y el desconocimiento aún de su manejo, plagas y enfermedades que a bien seguro irán dando la cara en los próximos años, requiere no solo de paciencia sino de gran dosis de profesionalización.  

El agua ya no es solo un problema agrícola, es una cuestión estratégica para el país. ¿Puede el pistacho seguir siendo rentable en una España cada vez más seca o tendremos que replantear el modelo productivo?

Efectivamente, el agua es, sin duda alguna, el mayor problema estructural que sufre el sector agroalimentario y el mayor factor limitante para su desarrollo y crecimiento. Del agua, además, dependen otros factores estructurales como el relevo generacional en la agricultura o el mantenimiento de la población en las áreas rurales de cualquier punto del país. Y en este sentido, tenemos que decir que los vientos no viene muy favorables que digamos para la agricultura a la vista de los primeros documentos del 4º Ciclo de planificación hidrológica que llegan a nuestras manos cargado de nuevas limitaciones para el regadío en la agricultura. Pero también es evidente que estamos sumidos en un proceso de cambio climático, con mayores y más frecuentes periodos de sequía que penalizan nuestras producciones y que merman la rentabilidad de las explotaciones de nuestros socios.

En este entorno, el cultivo del pistacho es, quizás, uno de los que mejor se adapta a los climas áridos y semiáridos con escasa agua, pero es indudable que la investigación y la innovación deben avanzar por el camino de obtener plantas y variedades más resistentes a la sequía, a las temperaturas extremas y, en general, a las nuevas condiciones climáticas que nos vienen. Nuestros productores y nuestras empresas deben invertir esfuerzos para adaptar sus estructuras productivas a los nuevos requerimientos climáticos.

Durante años el campo español ha producido mucho pero ha ganado poco. ¿El sector del pistacho está preparado para liderar una revolución basada en industria, marca y valor añadido o corremos el riesgo de repetir los errores del pasado?

Aunque antes hemos apuntado ya una parte de la respuesta a esta pregunta, tenemos que dejar claro que el futuro del sector del pistacho y, especialmente, el pistacho español y castellano-manchego, pasa por avanzar en la cadena de valor, por apostar por la industrialización y transformación del producto para satisfacer todas las necesidades de nuestros clientes y del consumidor final con una gama de productos amplia y de gran valor añadido. Así, junto al tradicional destino del pistacho para snack, deben unirse otras elaboraciones dirigidas al cliente y al consumidor final como pastas, cremas, aceites,  dulces, licores, repostería, helados, etc. y en ese proceso de valor el productor debe ser parte activa tanto en su impulso como como en la recuperación de una parte importante del valor generado.

En ese sentido, permítame la licencia, el modelo cooperativo debe ser uno de los  instrumentos predominantes para catalizar ese desarrollo en la cadena de valor y el que debe hacer partícipe al agricultor de los beneficios de ese proceso. Pero para ello, en ese camino de captación de valor añadido, el modelo cooperativo no puede quedarse solo en el primer procesado y en la venta del producto a granel a otros operadores. Las cooperativas deben participar, bien solos o con esos otros operadores de la cadena, en la creación de estructuras competitivas y dimensionadas de industrialización y comercialización del pistacho y sus  productos derivados. Las cooperativas deben, por tanto, conectar al agricultor productor de pistacho con los demás eslabones de la cadena de valor que más se acerquen a los consumidores finales, buscando sinergias que permitan hacer una oferta el mercado en el que todos ganen y se sumen los esfuerzos de todos para multiplicar los resultados finales.

El Pistachio World Congress convertirá a España, y concretamente a Toledo, en el centro mundial del sector el 27 y 28 de enero de 2027. Más allá de las cifras y los negocios, ¿qué mensaje debería lanzar el pistacho español al mundo en este momento decisivo para la agricultura europea?

Que estamos trabajando para liderar la producción y comercialización de pistacho de toda Europa, para ser un agente decisivo en el comercio mundial del pistacho con productos diferenciados, de alta calidad, con marcas propias y referencia en innovación y sostenibilidad integral.